Empezamos semana, aunque realmente para mí todos los días son iguales, todos los días son lunes.

7:36 de la mañana.
Salgo con mi perra a pasear por el parque del barrio Oliver (Zaragoza).
Con mi bolsa de tela llena de bolsas. Bolsas pequeñas para recoger sus excrementos y bolsas más grandes para recoger las sorpresas que da la vida. He de puntualizar que las bolsas son reutilizadas, bolsas del pan de molde, bolsas en las que me hayan dado residuos huérfanos, bolsas.

El mantenimiento del parque lo hace Adunare y he de decir que está muy bien cuidado. Tan pronto por la mañana, y ya me cruzo con un par de trabajadores cuidando el parque.
Pero no tardo en encontrarme un par de envases de helado flash en el césped. La papelera más cercana no estará a más de 10 metros. Pero bueno.


Alguien decidió tomarse el refrigerio y abandonarlo en medio del césped.
Bueno, vale. Los recojo y deposito en la papelera y sigo paseando con la peluda.

No habré andado más de 20 metros y nos cruzamos con una lata de refresco. La perra se acerca a olfatearla y la llamo para que no la toque. Es obediente. Se aleja y yo me acerco. La piso para reducir su tamaño y la guardo en una bolsa de plástico grande de las que he traído.


Bueno. Vale. Podría ser peor. Seguimos paseando y empiezan a aparecer paquetes de tabaco vacíos. Es curioso pues no hay colillas por los alrededores de los mismos.


Me encuentro un vaso de plástico cerca del canal de agua, y la guinda es con la tapa de un pollo al ast y el aluminio del mismo.


El aluminio lo guardo en la bolsa de la lata. Ya sabemos que el aluminio es fantásticamente 100% reciclable, aunque también sea fantásticamente abandonado y contaminante.
La tapa del pollo, cartón y plástico grasiento, la deposito en la papelera, que no os lo vais a creer pero estaba a 10 metros en el camino.

Algún paquete de tabaco más y salimos al corredor verde.
Es una zona bonita peatonal con carril bici, para pasear varios kilómetros, y poder ser un incívico ambiental tirando todos los residuos que quieras a los laterales. Pero también es preciosa para recogerlos en bolsas segregados y depositarlos en sus contenedores correspondientes.


Esta mañana terminé de llenar la bolsa con latas y algún trozo de aluminio que aparte del envase del pollo no sabría deciros de que es.

Ya casi saliendo del corredor. En el último espacio de césped del mismo, recogida un envase de liquido de transmisión para vehículo. Un envase tan bueno tan bueno, entiendo de polipropileno, pero tan bueno que no llevaba ni punto verde. Me lo guardo en la bolsa de latas porque ese envase no debe estar ni por asomo en el césped.



Cuando vuelva a sacar a la perra a pasear hoy, recogeré botellas de agua y bolsas de papel del McDonalds de la gasolinera más cercana, que llenaré una bolsa de cada sin problemas.

Como he dicho al principio, el parque está super cuidado y limpio, pero incívicos los hay en cualquier esquina. Desde gente que abandona el envase del helado de hielo en el parque, hasta gente con sus coches de alta gama, que conducen por los cinturones de Zaragoza, y en los semáforos bajan la ventanilla y tiran las colillas de cigarro.

La #educaciónambiental no entiende de clases. Esto me lo han explicado varias veces en diferentes cursos y da para otro artículo, pero justamente por eso, es otro artículo.

Las brigadas de limpieza limpian por encima y acumulan los residuos a los lados del corredor, así a lo lejos y mirando al horizonte es una imagen preciosa de lo bonita que es. Parece una imagen de un paseo de un pueblo americano de película de las 15:30, donde dos extraños se enamoran.


Pero hay que mirar donde no se ve. Hay que mirar de reojo. Hay que agacharse y recoger, porque no es mi basura pero es mi planeta, y el pensamiento egoísta del «yo no lo he tirado, no es mi problema», nos esta llevando al precipicio y al caos.

El otro día iba recogiendo latas con la perra por el corredor verde, y un hombre que pasaba haciendo ejercicio, se paró para preguntarme que que hacía. Le dije que recoger latas porque no deberían estar allí, porque no era su lugar. Me dijo que no es una imagen que se vea a menudo, una persona joven recogiendo basura por la calle. Contesté con una sonrisa que no era mi basura pero si mi planeta. Él contestó que tenía razón y que todos deberíamos ser más empáticos. Me dio las gracias y continuo corriendo. Muy majo el hombrecillo.


Recogía antes de esa conversación y he seguido y sigo recogiendo después de la misma. No busco reconocimiento, busco concienciar a la gente, de que cada persona puede hacer algo en pro del planeta.
Como el colibrí.

Ser buenos y contaminar lo menos posible.


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